Stéphane Guiran es un poeta herrero que hace sus vocalizaciones en el espacio. Su actitud es sincera como cualquier actitud realmente artística. Su pensamiento, ingenuo, un poco místico. Místico como el de un Mondrian, o de un Brancusi para el que la materia debe transformarse en milagro. Su arte es del orden de lo íntimo. Su mundo está hecho de palabras que designan las cosas haciéndolas acceder de esta forma a realidades secretas, y luego de materia bruta transfigurada en forma abstracta. Stéphane Guiran trabaja el hierro. Lo recorta, lo rebaja, hace bandas. Sus esculturas parecen cintas lanzadas al aire por jóvenes gimnastas. Parecen sedosas y ligeras. No tienen ni tiempo de tocar la base que ya son de nuevo libres dentro su equilibrio y su movimiento. Están trabajadas hasta el mínimo detalle, efecto de un cierto toque que podemos llamar sensual. Vemos la cinceladura, los relieves, o sea la intensidad convulsiva del metal, y sus mechas doradas también, el resultado agradable de la pátina. Sus dimensiones son aun bastante pequeñas, pero se presiente su grandeza.
Al Hierro el artista le presta un alma y al espacio una densidad. Habla del Réveil du Fer (‘Despertar del Hierro’) y de su deseo de unirlo al Aire. El artista hace una apuesta por la materia: "Les Fers en l’Air es la extraña historia de un trozo de materia (el Hierro) que se da cuenta que existe otra realidad, por encima de él. Intuye que ésta puede ayudarle a elevarse, a realizarse, a ser más sutil, o sea, mejor. La bautiza Aire e intenta dialogar con ella". Y quién sabe si un día acabará por desaparecer, casi.

Ileana Cornea junio de 2004